PlacerIntenso Blog Erótico, juguetes para adultos y sexualidad

Las aventuras del Capitán Johnny Fucker (V)

El combate no le iba demasiado bien al capitán Johnny Fucker, cuya polla aún seguía dura y fuera de la bragueta. Esto le desequilibraba en cada maniobra que hacía y poco a poco Virginia Casta le estaba ganando terreno. Una estocada allí, un corte allá y cuando se quiso dar cuenta estaba arrinconado junto a unos barriles. De lo que nadie parecía percatarse era de la tormenta que se avecinaba y que iban directos a ella.

  • Se acabó Johnny. No quiero matarte, entrégate, ven conmigo y consagra tu vida a la sacra abstinencia.
  • ¡Jamás! Prefiero morir a tener que… que… – El capitán no acabó la frase, porque las tetas de Virginia estaban fuera y tenían un efecto hipnotizador.
  • ¡Qué miras desgraciado! ¡Pues muere ahora junto al resto de tu tripulación! ¡Oye sus gemidos de dolor!

El capitán Johnny Fucker podía equivocarse a veces, pero nunca iba a confundir gemidos de placer con gemidos de dolor. Giró la cabeza y por primera vez vio la escena que estaba sucediendo en cubierta. Una orgía sin igual, un deleite carnal que hizo que aún se le pusiera más dura. Y en medio de todo aquello la teniente Foxxy, que daba buena cuenta de docenas de piratas a la vez. No había distinción de edad o sexo, todos se entregaban plenamente al placer sin impórtales sus compañeros de juegos.

De repente, una enorme ola impactó sobre el casco del barco y lo desequilibró por completo, haciendo que todo el mundo cayese rodando por el suelo. Algunos se lesionaron, otros se corrieron e incluso hubo quién aprendió nuevas posturas eróticas con tal movimiento. Uno de los palos del barco se soltó y golpeó por detrás a Virginia Casta, que cayó de bruces encima de Johnny Fucker, con tal fortuna que sus dos tetas encajaron perfectamente en su polla.

Otro azote del mar y el barco comenzó a vibrar y bambolear al mismo tiempo que las tetas de Virginia le hacían una tremenda paja al capitán. ¡Zas! La ola esta vez golpeó con mayor fuerza e hizo que el barco se elevara durante un instante en el aire para derrumbarse con violencia. Tras la caída, la polla del capitán entró accidentalmente en la boca de Virginia, causando un enorme dolor y placer a partes iguales en el fornido varón.

  • ¡Tenemos que salir de aquí! – dijo Bromuro, el único que se estaba dando cuenta de lo que pasaba.

El viejo impotente observó la situación. La tormenta se desató encima del Empotrador, lubricando a la tripulación y haciendo que el sexo fuera aún más placentero. Mientras los gemidos de placer eran ahogados por los rayos vio como Virginia se la chupaba a su capitán. ¡Qué poca profesionalidad! Finalmente, posó los ojos en el timón, que para su espanto estaba desatendido. Dándose golpes de frustración en su denostado badajo, corrió como pudo entre cuerpos sudorosos y fluidos viscosos hasta la popa, para intentar sacar al barco aquella tormenta.

  • ¡Flurp! – el capitán soltó un gemido de placer como nunca antes se había oído.
  • ¡Ffijo pputta! ¡Fte has cogggido en mi bbbuoca!
  • Ya te digo. Y añado que mucho he aguantado.

En ese instante, Bromuro dio un golpe de timón para cambiar la dirección y salir de la tormenta. Virginia Casta se separó violentamente del capitán, cayendo de bruces sobre el mástil roto y quedando atrapada con las cuerdas. Una nueva ola impactó en el casco e hizo que el capitán saliese despedido hacia adelante.

  • ¡Ahhhhhhhh!¿! Pero qué haces malnacido!?¡Por el culo noooooooooo!
  • ¡Te aseguro que no he hecho absolutamente nada! ¡Ha sido el oleaje! Pero ya que estamos aquí permítame que agarre esas tetas.

Virginia estaba sorprendida al principio, pero más lo estaba ahora mismo, ya que lo estaba disfrutando. ¡Y mucho! Comenzó a jadear mientras su más odiado archienemigo se la metía por el culo hasta los huevos. Y de pronto, todos esos años de represión sexual se volvieron en su contra.

  • ¡Méteme el puño en el coño!
  • ¿¡Perdón!?
  • ¡Que me metas el puño en el coño ya!
  • Pues no sé si voy a… poder… ¡ah! pues sí.
  • ¡AaaaaAAAhhhaaaahhhhhHH!

Una hora después, la orgía había acabado. Exhausta, las tripulaciones yacían con sus cuerpos desnudos y empapados por toda la cubierta. Ambos capitanes estaban demasiado cansados para emitir siquiera palabra. En el horizonte, una tormenta con muy mala pinta desaparecía poco a poco, menos mal que no estaban en medio de ella. El mar parecía en calma y todos estaban esperando a recuperar fuerzas para volver a la carga. Todos menos el viejo Bromuro, claro, al que por cierto nunca nadie le dio las gracias.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *