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El amor cortés: cómo era el sexo en la Edad Media

En la entrada de hoy vamos a hablar del amor cortés, que es la forma de entender la sexualidad en la Edad Media. Pese a las prohibiciones por parte del clero, la realidad es que este periodo fue muy intenso en asuntos de cama, con prácticas eróticas muy excitantes y divertidas. ¿Quieres aprender cómo se lo montaban nuestros antepasados? Pues sigue leyendo y lo descubrirás.

El amor cortés

Hace unos años se celebró en París una exposición sobre el sexo en la Edad Media titulada L’amour courtois, que podría traducirse como El amor cortés. En la misma, se podían observar una serie de ilustraciones sacadas de manuscritos de la época, acompañadas de textos explicativos sobre las costumbres de nuestros antepasados en la cama. Se trata de un periodo de nuestra historia bastante extenso y desconocido, por lo que este estudio sirvió de punto de partida para desterrar los principales mitos.

Amar en tiempos medievales

De hecho, las ideas negativas asociadas a esta época están en realidad tomadas del Renacimiento, como por ejemplo la falta de higiene o instrumentos tan llamativos como el cinturón de castidad, que han tenido un importante impacto en la literatura. Otro de los mitos de la Edad Media lo tenemos en que los matrimonios eran muy precoces. En realidad, los hombres tenían que esperar bastante tiempo para casarse, ya que tenían que reunir la dote suficiente para hacerse con la mano de su dama. La única excepción eran los nobles y reyes, que ya eran ricos de nacimiento y podían ir al altar cuando quisieran.

Aunque parezca contradictorio, la Iglesia en la Edad Media permitía algunas prácticas que están censuradas hoy en día, como la prostitución femenina. En este sentido, era considerado poco menos que un servicio público: aumentaba la salubridad de la población, reducía los niveles de homosexualidad y además repercutía económicamente de manera muy notable. De hecho, entre los siglos V y XV se gozó de mucha más libertad sexual de lo que se cree y en ocasiones se llegó a cuestionar cosas como el celibato del clero. Según investigadores como Lavoye-Nbeoui, se estima que un tercio de los sacerdotes vivía en concubinato.

¿Y qué hacía la Iglesia al respecto? Pues había ocasiones en las que no le quedaba más remedio que ponerse firme. En este sentido, había épocas del año en las que el sexo estaba totalmente prohibido entre los sacerdotes, coincidiendo con fechas señaladas en el calendario católico. No fue hasta la llegada del movimiento protestante, con Martín Lutero a la cabeza, cuando realmente hubo una voluntad de cambiar la ostentosidad y malas costumbres del estamento religioso. Esto ocurrió en el siglo XVI y sirvió de excusa a los reyes para sus conquistas políticas, como es el caso de los territorios del Sacro Imperio Romano Germánico.

La única postura permitida

Una de las cosas con las que querían acabar los luteranos eran los hábitos poco saludables de la población, como por ejemplo su activa vida sexual. Los católicos tuvieron que reaccionar y hacer un lavado de cara. Para ello, se pusieron mucho más duros con los asuntos de cama y buena muestra de ella es que solo se permitía una sola posición sexual, la única que era natural. En ella, el marido se echaba encima de su esposa para hacer el acto con la intención de procrear, nada más. Curiosamente, los clérigos debían aprenderse todas las posturas eróticas que existían, para así imponer la penitencia adecuada a cada una de ellas.

El adulterio era algo bastante común y cuando los hombres eran los implicados no pasaba absolutamente nada. ¿Por qué? Aunque se consideraba un pecado, no llegaba más que a una falta espiritual, por lo que ni siquiera se llevaban una reprimenda. Sin embargo, si era la mujer la que lo cometía la infidelidad debía pagar una multa. Como vemos, el sexo y sus desviaciones o bien se permitieron o se utilizaron para fines recaudatorios. Solo en casos excepcionales se tomaron otras medidas más duras.

El Decamerón

En el siglo XIV el italiano italiano Giovanni Bocaccio escribió uno de los compendios sexuales más excitantes que jamás han existido. Estamos hablando del Decamerón, que está formado por 100 cuentos que hablan de la suerte, la inteligencia y por supuesto el amor. Algunos relatos son marcadamente eróticos, mientras que otros están enfocados a dar lecciones sobre la vida. El punto de partida es la peste negra de 1348, cuando un grupo de jóvenes formados por 7 chicos y 3 chicas se refugian en una villa en las afueras de Florencia.

En sus páginas podemos encontrar narraciones sobre el adulterio femenino, con escenas de Ménage à trois y otras prácticas que demuestran que en la Edad Media, pese al amor cortés, el sexo se vivía con mucha más pasión y frecuencia de la que nos creemos.

Curiosidades del sexo en la Edad Media

En el medievo se usaban condones fabricados a partir de intestinos de animales que se amarraban con un cordel. Por supuesto, eran reutilizables y más asquerosos de lo que podríamos imaginar. Posteriormente, aparecieron los primeros preservativos de lino, que tampoco eran descartables tras su uso. En cualquier caso, a la función de estos primitivos condones tenía una función puramente protectora frente a las enfermedades de transmisión sexual. No estaban concebidos para evitar la concepción de niños.

Como hemos visto, solo el misionero estaba permitido. Las demás posturas se consideraban pecado, sobre todo el sexo oral y el anal. ¿Y qué tal la masturbación? Pues amarse a solas era un acto contra natura, igual que masturbarse mutuamente. En realidad, toda aquella práctica que no tuviese como un fin la procreación estaba mal vista por parte de la Iglesia, así que os podéis hacer una idea de lo que pensaban sobre gays y lesbianas. La pena dependía del grado del delito y en este sentido, la sodomía podía llegar a castigarse con la muerte.

Y hasta aquí la entrada de hoy, donde hemos hablado de cómo se vivía la sexualidad en la Edad Media. Esperamos que os haya gustado y sin más nos despedimos hasta la semana que viene, deseándoos como siempre que paséis un feliz domingo en compañía del Placer más Intenso. ¡Hasta la próxima!

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